menta húmeda

jueves, 26 de agosto de 2010

LA ROSA Y LA PIEDRA - FINAL








7,30 AM
ROMA, Barrio del Trastévere, 10 de agosto de 2001



Alex se despertó sobresaltado, con el corazón latiendo tan fuerte en su pecho que parecía que lo tenía en la boca. !Dios!, que sueño tan extraño había tenido. Lo recordaba todo: Cartago, Asdrúbal, la mujer y su suave piel blanca. La venganza. Angharad.
¿Cómo era posible que hubiera imaginado un sueño tan elaborado y tan complejo? Se incorporó totalmente en el saco de dormir y bajó la cremallera, sacudiendo sus rebeldes cabellos. Palpó con las manos hasta encontrar la linterna, sabía que estaba cerca a su lado. La encendió y la fría luz eléctrica iluminó la vieja casa en ruinas en la que se había refugiado la noche anterior.

Estaba en las últimas y no tenía dinero para gastar en un albergue, ni en una mísera pensión. Pensó que por una noche podría dormir en cualquier parque o cualquier rincón de la vieja Roma, y entonces fue cuando se encontró ante las ruinas de aquella casa. Le pareció que podía ser un refugio confortable, un lugar que quedaba aislado y que no era de fácil acceso. En cierto modo le parecía que era como correr una aventura (aunque sabía que sus padres hubieran puesto el grito en el cielo).

Así que entró, exploró un poco y encontró una habitación que no estaba tan en mal estado como las otras. Aun se veían restos de una pintura azul en las paredes y no tenía ventanas que dieran a la calle sino que daban al jardín, desde el cual se podía ver un inmenso roble, rodeado de rosas. Un jardín salvaje pero aun hermoso, pensó.

Hum... el sueño volvía a su cabeza con un realismo increíble. Tenía en su mente la imagen de Asdrúbal: alto, fuerte, arrogante, con sus cortos cabellos castaños y sus ojos color gris piedra. También estaba ahí la muchacha del pelo rojo y la otra.... la pálida mujer encapuchada. Se frotó los ojos y se rió de si mismo ¿empezaría a creer ahora en fantasmas e historias descabelladas de vampiros? Sacó una lata de Red-Bull de su mochila y la apuró a grandes sorbos, mientras comía unas oreo bañadas en chocolate. Sintiéndose mucho mejor, recogió sus cosas y se dispuso a salir de la casa.

Al llegar a la entrada se fijó en una estatua de piedra, muy deteriorada que había al lado de la puerta. No recordaba haberla visto la noche anterior al entrar allí, sin embargo a la fría luz de la mañana que se filtraba por las rendijas de la puerta, era perfectamente visible. Se plantó delante estremeciéndose. Se trataba de la estatua de tamaño natural de un guerrero, vestido con una túnica corta y calzado con botas militares. El casco no parecía el típico casco romano (Asdrúbal, le repetía su mente, de forma intuitiva).

Al borde de un ataque de nervios, sólo podía pensar en salir, así que empujó la balda y abrió la puerta deseoso de estar a la luz del día una vez más y de dejar la penumbra que le envolvía y empezaba a pesarle como una losa. Aquella casa empezaba a darle escalofríos, aunque todo fuera producto de su imaginación de adolescente y de una indigestión de oreo y coca cola.

Con rápidas zancadas se plantó en el jardín y estaba a punto de cruzarlo y saltar la verja, sin mirar hacia atrás, cuando un impulso irresistible le hizo darse la vuelta.
Era como si un fuerte brazo se hubiera posado en su hombro y le hubiera hecho girarse a la fuerza.

Bajo los primeros rayos del sol de la mañana, que acariciaban ahora tímidamente su superficie, pudo ver bien la fachada de la casa. Encima de la puerta, justamente encima, había un escudo de armas grabado en piedra.

Un escudo que contenía rosas rojas. Un escudo parecido al que se mencionaba en su sueño.

Demasiadas coincidencias......

La luz del sol iluminó las rosas del escudo y bajó por la puerta y Alex sabía -aunque no lo veía- que la luz resbalaba ahora sobre la estatua de piedra del soldado (la estatua de Asdrúbal... decía su vocecita interior)

Rosas, piedras, rosas en un tumba....

¿Un sueño?.

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